Fue un día agitado. Son las doce de la noche y estoy aburrido sentado en una mesa de este bar desconocido. Recién abro la botella de vino y no me queda más que esperar a que pase algo.
Se abre la puerta del bar y entra un hombre de cabello negro y con una barba que parece de unos cuatro días. Apenas lo vi supe que era el Diablo. Pero pareciera que soy la única persona que lo puede ver porque nadie en el bar notó su presencia.
Se sienta en la mesa a mi izquierda. Se prende un cigarro y parece que espera a alguien.
Pasa una hora, a mi botella de vino le queda poco de vida. El Diablo ya va por el cigarro número catorce, aproximadamente. Yo ya perdí la cuenta de los míos. Me resultó extraño que nadie se le haya acercado para ofrecerle algo de tomar. Es hasta hoy que tengo la duda si alguna persona además de mí en el bar se dio cuenta que estaba ahí esa noche.
A los pocos minutos entra por la puerta una mujer, cabello rubio hasta los hombros, hermosa. Al igual que con el Diablo no tardé mucho en darme cuenta que se trataba de Dios. Se sienta en frente del Diablo, se miran pero no se dicen nada. Después de un minuto ambos sonríen y empiezan a hablar en un idioma que nunca escuché pero que por alguna razón pude entender a la perfección.
Diablo: - No me gusta reunirme acá
Dios: - Es el lugar más neutral que pude encontrar
Diablo: - No me refiero al bar
Dios: - Ah, si a mi tampoco me gusta pero ya sabés como es
Diablo: - Si
Apenas podía escucharlos, no había mucho ruido en el bar y tampoco estaban susurrando pero sentía como si estuvieran mucho más lejos.
Dios: - ¿Cuantos cigarros vas?
Diablo: - No se, bastantes. ¿Querés?
Dios: - No, ya sabés lo que pasa cuando fumo
Diablo: - Por eso te ofrezco
Dios: - Ya sé
En ese momento sentí un frió helado que recorrió todo mi cuerpo por unos segundos y luego se fue.
Diablo: - ¿Cómo anda todo allá arriba?
Dios: - Sabés bien como anda todo
Diablo: - Si, pero preguntaba para entablar conversación
Dios: - Si seguro
Diablo: - Supuestamente Dios no debería ser rencoroso
Dios: - Hay muchas cosas que Dios no debería ser o hacer
Diablo: - Ahí tenes razón querida
Dios: - ¿Podemos empezar?
Diablo: - Cuando quieras
Dios: - ¿Por cuál comenzamos?
Diablo: - Yo diría por el que siempre te trajo mayores problemas
Dios: - El amor
Diablo: - Si ese, pero tratá de no nombrarlo mucho conmigo acá
Dios: - Ambos sabemos que no te hace nada mencionarlo
Diablo: - No, pero no me gusta la palabra y a vos tampoco te debería gustar después de todo lo que te hizo
Dios: - Si pero a pesar de todo es el único que siempre he podido perdonar
Diablo: - Hasta ahora
Dios: - Todavía no lo sabemos eso
Diablo: - Bueno arranquemos
Dios: - Si
Después de eso no pude escuchar nada de lo que decían por bastante tiempo, solo vi que parecían discutir sobre algo. Ya mi segunda botella de vino estaba por debajo de la mitad pero extrañamente no me encontraba borracho, sentía que estaba más lúcido que nunca. Después de aproximadamente dos horas desde que los deje de escuchar, el Diablo se levanta de la mesa y camina hacia el baño. Dios queda sola y fija sus ojos en los míos. Yo aparto la mirada y lleno mi copa de vino.
Dios: - ¿Me podes ver?
No supe que hacer, mientras pensaba si responderle o no tomé la copa de vino en mi mano y bebí todo lo que me había servido de un solo trago. Cuando giré la cabeza para hablarle vi que el Diablo ya estaba volviendo. Siempre me voy a preguntar que hubiera pasado si le hubiera contestado. ¿Hubiera cambiado algo?
Diablo: - ¿Quedamos así entonces?
Dios: - Y, si no queda otra salida parece que si
Diablo: - No me hagas sentir como el malo acá, vos también tenes culpa
Dios: - Ya sé, pero yo tengo conciencia también
Diablo: - Jaja, eso si que yo no tengo por suerte
Dios: - No entiendo como se tuvo que llegar a esto
Diablo: - Siempre fue tu punto débil pero ahora no te vas a tener que preocupar más
Dios: - Lo voy a extrañar
Diablo: - Si, me imagino que si, pero ya esta hecho, no hay vuelta atrás, ahora me lo quedo yo
Dios: - Espero que no me esté equivocando otra vez
El diablo levanta la mano y va señalando con un dedo a toda la gente del bar
Diablo: - Ellos también esperan que no te estés equivocando, aunque no lo sepan
Unas pequeñas lágrimas empiezan a caer por la cara de Dios. Miro por la ventana y está lloviznando.
Diablo: - Sabia que esto iba a pasar, siempre hacés lo mismo
Dios: - Vos no entendes, es muy triste
Diablo: - Muy triste para vos, para mi es hermoso
Dios: - Ya lo sé. Bueno empecemos con el otro, ese es menos problemático
Diablo: - Como quieras
Otra vez dejé de escucharlos completamente. Me serví otra copa de vino y me puse a pensar sobre lo último que dijeron. No entendí bien qué fue lo que paso pero no parecía nada bueno y espero que no sea lo que me imagino.
Después de una hora miro por la ventana y está saliendo el sol.
Diablo: - Listo ya esta todo, se hizo largo esta noche
Dios: - Si muy largo
Diablo: - Bueno, a menos que halla algo más que necesitemos tratar yo me voy yendo. Ahora gracias a vos estoy mucho más ocupado.
Dios: - Si, más ocupado, pero no te podes quejar
Diablo: - Es verdad. Te agradezco, tus errores me están ayudando mucho últimamente
Dios: - ¿No te ibas?
Diablo: - Jaja, si. Chau querida. Hasta pronto
Dios: - Chau y ojala no te tenga que volver a ver
El diablo se levanta de la mesa y sale por la puerta del bar. Dios se pone de pie y con la luz del sol puedo apreciar su figura. Está diferente, su cabello ya no es tan rubio y se le pueden ver varias arrugas en la cara, como si hubiera envejecido diez años en una noche. Como hizo anteriormente durante la noche, Dios me mira fijamente a los ojos pero ahora es una mirada melancólica, triste, vacía. No me dice nada, da media vuelta y sale por la puerta. Yo la sigo con la mirada hasta que la pierdo de vista.
Luego de unos minutos pido la cuenta y me voy a mi casa.
Después de esa noche, no se porque, pero nunca pude volver a sentir amor ni felicidad por nada y desde entonces que la raza humana vive en un mundo de pura desolación y tristeza.
Al parecer sí era lo que había imaginado. Dios se equivocó.
27/06/2008
Se abre la puerta del bar y entra un hombre de cabello negro y con una barba que parece de unos cuatro días. Apenas lo vi supe que era el Diablo. Pero pareciera que soy la única persona que lo puede ver porque nadie en el bar notó su presencia.
Se sienta en la mesa a mi izquierda. Se prende un cigarro y parece que espera a alguien.
Pasa una hora, a mi botella de vino le queda poco de vida. El Diablo ya va por el cigarro número catorce, aproximadamente. Yo ya perdí la cuenta de los míos. Me resultó extraño que nadie se le haya acercado para ofrecerle algo de tomar. Es hasta hoy que tengo la duda si alguna persona además de mí en el bar se dio cuenta que estaba ahí esa noche.
A los pocos minutos entra por la puerta una mujer, cabello rubio hasta los hombros, hermosa. Al igual que con el Diablo no tardé mucho en darme cuenta que se trataba de Dios. Se sienta en frente del Diablo, se miran pero no se dicen nada. Después de un minuto ambos sonríen y empiezan a hablar en un idioma que nunca escuché pero que por alguna razón pude entender a la perfección.
Diablo: - No me gusta reunirme acá
Dios: - Es el lugar más neutral que pude encontrar
Diablo: - No me refiero al bar
Dios: - Ah, si a mi tampoco me gusta pero ya sabés como es
Diablo: - Si
Apenas podía escucharlos, no había mucho ruido en el bar y tampoco estaban susurrando pero sentía como si estuvieran mucho más lejos.
Dios: - ¿Cuantos cigarros vas?
Diablo: - No se, bastantes. ¿Querés?
Dios: - No, ya sabés lo que pasa cuando fumo
Diablo: - Por eso te ofrezco
Dios: - Ya sé
En ese momento sentí un frió helado que recorrió todo mi cuerpo por unos segundos y luego se fue.
Diablo: - ¿Cómo anda todo allá arriba?
Dios: - Sabés bien como anda todo
Diablo: - Si, pero preguntaba para entablar conversación
Dios: - Si seguro
Diablo: - Supuestamente Dios no debería ser rencoroso
Dios: - Hay muchas cosas que Dios no debería ser o hacer
Diablo: - Ahí tenes razón querida
Dios: - ¿Podemos empezar?
Diablo: - Cuando quieras
Dios: - ¿Por cuál comenzamos?
Diablo: - Yo diría por el que siempre te trajo mayores problemas
Dios: - El amor
Diablo: - Si ese, pero tratá de no nombrarlo mucho conmigo acá
Dios: - Ambos sabemos que no te hace nada mencionarlo
Diablo: - No, pero no me gusta la palabra y a vos tampoco te debería gustar después de todo lo que te hizo
Dios: - Si pero a pesar de todo es el único que siempre he podido perdonar
Diablo: - Hasta ahora
Dios: - Todavía no lo sabemos eso
Diablo: - Bueno arranquemos
Dios: - Si
Después de eso no pude escuchar nada de lo que decían por bastante tiempo, solo vi que parecían discutir sobre algo. Ya mi segunda botella de vino estaba por debajo de la mitad pero extrañamente no me encontraba borracho, sentía que estaba más lúcido que nunca. Después de aproximadamente dos horas desde que los deje de escuchar, el Diablo se levanta de la mesa y camina hacia el baño. Dios queda sola y fija sus ojos en los míos. Yo aparto la mirada y lleno mi copa de vino.
Dios: - ¿Me podes ver?
No supe que hacer, mientras pensaba si responderle o no tomé la copa de vino en mi mano y bebí todo lo que me había servido de un solo trago. Cuando giré la cabeza para hablarle vi que el Diablo ya estaba volviendo. Siempre me voy a preguntar que hubiera pasado si le hubiera contestado. ¿Hubiera cambiado algo?
Diablo: - ¿Quedamos así entonces?
Dios: - Y, si no queda otra salida parece que si
Diablo: - No me hagas sentir como el malo acá, vos también tenes culpa
Dios: - Ya sé, pero yo tengo conciencia también
Diablo: - Jaja, eso si que yo no tengo por suerte
Dios: - No entiendo como se tuvo que llegar a esto
Diablo: - Siempre fue tu punto débil pero ahora no te vas a tener que preocupar más
Dios: - Lo voy a extrañar
Diablo: - Si, me imagino que si, pero ya esta hecho, no hay vuelta atrás, ahora me lo quedo yo
Dios: - Espero que no me esté equivocando otra vez
El diablo levanta la mano y va señalando con un dedo a toda la gente del bar
Diablo: - Ellos también esperan que no te estés equivocando, aunque no lo sepan
Unas pequeñas lágrimas empiezan a caer por la cara de Dios. Miro por la ventana y está lloviznando.
Diablo: - Sabia que esto iba a pasar, siempre hacés lo mismo
Dios: - Vos no entendes, es muy triste
Diablo: - Muy triste para vos, para mi es hermoso
Dios: - Ya lo sé. Bueno empecemos con el otro, ese es menos problemático
Diablo: - Como quieras
Otra vez dejé de escucharlos completamente. Me serví otra copa de vino y me puse a pensar sobre lo último que dijeron. No entendí bien qué fue lo que paso pero no parecía nada bueno y espero que no sea lo que me imagino.
Después de una hora miro por la ventana y está saliendo el sol.
Diablo: - Listo ya esta todo, se hizo largo esta noche
Dios: - Si muy largo
Diablo: - Bueno, a menos que halla algo más que necesitemos tratar yo me voy yendo. Ahora gracias a vos estoy mucho más ocupado.
Dios: - Si, más ocupado, pero no te podes quejar
Diablo: - Es verdad. Te agradezco, tus errores me están ayudando mucho últimamente
Dios: - ¿No te ibas?
Diablo: - Jaja, si. Chau querida. Hasta pronto
Dios: - Chau y ojala no te tenga que volver a ver
El diablo se levanta de la mesa y sale por la puerta del bar. Dios se pone de pie y con la luz del sol puedo apreciar su figura. Está diferente, su cabello ya no es tan rubio y se le pueden ver varias arrugas en la cara, como si hubiera envejecido diez años en una noche. Como hizo anteriormente durante la noche, Dios me mira fijamente a los ojos pero ahora es una mirada melancólica, triste, vacía. No me dice nada, da media vuelta y sale por la puerta. Yo la sigo con la mirada hasta que la pierdo de vista.
Luego de unos minutos pido la cuenta y me voy a mi casa.
Después de esa noche, no se porque, pero nunca pude volver a sentir amor ni felicidad por nada y desde entonces que la raza humana vive en un mundo de pura desolación y tristeza.
Al parecer sí era lo que había imaginado. Dios se equivocó.
27/06/2008
