jueves, 31 de julio de 2008

Improviso Inspirado

Pasas por la luna otra vez
Y mirás de reojo al revés
Simulás que podes existir
Mira que no sabes ni mentir

Estás cerca de la vejez
Lo escuchás cuando todos lo ven
Para irte de nuevo, otra vez
Donde no se te puede ni ver

Disfrutás de mi alma sin ser
Aplastás todo lo que no es
Para luego girar hacia el fin
Y morir sin poderme sentir

31/07/2008

viernes, 25 de julio de 2008

Monosílabo

Siente
por
uno
mismo

Mata
por
uno
mismo

Vive
por
uno
mismo

Sueña
por
uno
mismo

Ama
por
siempre
por

ella

25/07/2008

sábado, 5 de julio de 2008

Aquel Arbol

Un árbol de confusiones
entre tus raíces crecen
miles de razones arregladas
por dementes cordiales

Tus hojas bailan con
destellos de luna ciega
que cierran tu locura
encerrada en vos

Tus ramas sufren por
la caída de tu adiós
muerto cuando sale
ese amargo sol

05/07/2008

jueves, 3 de julio de 2008

Seis Años Después (Incluso Dios Se Equivoca Segunda Parte)

Hoy se cumplen seis años. Desde esa noche que no duermo de noche. Desde esa noche que voy todas las noches al mismo lugar, a la misma mesa. Siempre con ilusiones vacías. Desde esa noche vi tantas cosas que antes me hubieran echo sufrir pero que hoy en día no logran sacarme un sentimiento. Desde esa noche el mundo cambió. Desde esa noche.
Durante seis años estuve yendo todas y cada una de las noches a ese bar desconocido con la esperanza de verlos de nuevo e inocentemente esperar que pueda hacer o decir algo que haga cambiar todo esto. Nunca vi otra cosa que no fueran borrachos solitarios que convertían a su botella de vino, whisky o tequila en sus más preciados amantes. Alguna que otra noche no hubo otra persona más que yo en ese bar, el cual extrañamente abre sus puertas todos los días del año, sea feriado, domingo o vacaciones. Eso hizo que fuera más agotador aún, ya que si quería lograr algo no podía faltar ni una noche.
Durante estos seis años fue siempre lo mismo. Las personas, los animales, todo lo vivo cambió. Yo cambié. Pero lamentablemente soy el único que se da cuenta.
Durante estos seis años a cualquier persona que le preguntara por qué hace lo que hace, siempre obtenía la misma respuesta. “No se porque lo hago, lo vine haciendo toda mi vida”. Y cuando les preguntaba si les gusta lo que hacen, la respuesta era la siguiente. “No, no me gusta pero lo vine haciendo toda mi vida”. Nunca hubo alguna respuesta como, “lo hago porque es lo que siempre quise hacer”, “lo hago para ganar unos pesos y mantener a mi familia” o “lo hago para ganar experiencia y poder alcanzar lo que quiero”.
Durante estos seis años que se vive en un mundo sin ambiciones, sin ganas y lo que es peor sin amor.
Solo le conté lo que pasó esa noche a una persona, mi mejor amigo. A los dos días murió. Dijeron que simplemente su corazón dejo de latir. Lo peor de eso fue que no pude sentir tristeza, ni bronca, ni dolor. Nada. Pero no era el único, a su familia le pasó lo mismo, a sus amigos también. Pero, y repito, fui el único que se dio cuenta de esa falta de sentimientos.
Ocurrieron muchas cosas peores además de eso. La mayoría no me las acuerdo. No porque no quiera. Si no porque, al no poder sentir nada, a uno se le olvidan fácilmente las cosas.
Lo que más me extraña es que a pesar de haber perdido todo tipo de ganas de hacer algo que realmente quiera, como todo el mundo, nunca perdí las fuerzas para ir todas las noches a ese bar. Fue lo único constante que pude hacer desde hace seis años.
Pero hoy es mi última noche.

--

Me senté en la misma mesa como todas las noches, a la misma hora, las doce. El mozo se acercó y le pedí la misma botella de vino. Ya no me sorprende que a pesar de haber venido todas las noches durante seis años el mozo nunca me haya reconocido.
Empecé a fumar. Ya no me quedo mirando la puerta sin pestañear como antes. Ahora no presto mucha atención.
Luego del sexto cigarro me pasó algo que nunca me había pasado en estos seis años. Sentí desesperación, pánico. Me volvieron a mi cabeza todos los recuerdos de todas las cosas que pasaron en estos últimos seis años y las sentí como las debería haber sentido en su momento. Miles de sentimientos surgían dentro mío. No podía pensar. Sentía que me ahogaba. Me caí de la silla.
Abrí los ojos pero no podía ver y no me podía mover pero escuchaba dos voces. La del Diablo y la de Dios. De nuevo hablaban en ese idioma desconocido pero que yo pude entender.

Diablo: - Mirá a este borracho tirado en el suelo, dan lástima. Ya no pueden sentir nada pero siguen tomando por inercia
Dios: - Basta
Diablo: - No te hagas la que te importan ahora
Dios: - Siempre me importaron
Diablo: - Mentira, sos un desastre como Dios, no sos más que uno de ellos con algo más de poder
Dios: - Eso no quiere decir que no me importen
Diablo: - Me pregunto por qué será así
Dios: - ¿Será así qué?
Diablo: - Que Dios sea solamente un humano inmortal con poderes divinos
Dios: - Sí lo sabés, no me hagas enojar
Diablo: - ¿Y qué puede pasar si te enojas? Ya no podes hacer mucho
Dios: - Por ahora.
Diablo: - Jaja, tas loca. No hay manera que puedas hacer que te lo devuelva si es eso a lo que te referís.
Dios: - En cierto modo.
Diablo: - A ver ¿Qué tenés en mente?
Dios: - La razón por la cuál te cité acá es justamente el supuesto borracho en el suelo al que te referiste.
Diablo: - ¿El?
Dios: - Si. Cuando nos reunimos acá por última vez, hace seis años, sentí que él nos podía ver y escuchar pero no le preste mucha atención.
Diablo: - Esperá ¿Me estas diciendo que un humano común nos pudo ver?
Dios: - Si. Ahora estoy segura que nos pudo ver esa noche.
Diablo: - Pero ¿Cómo?
Dios: - Bueno. Después de esa noche dispuse que lo marcaran.
Diablo: - Sabes que no podes marcar más a los humanos ¿Cómo no me enteré de eso?
Dios: - Lo hice el día siguiente a esa noche. Todavía tenía algo más de poder.
Diablo: - Igual, me tendría que haber dado cuenta en algún momento.
Dios: - Si pero dos años después perdió la marca.
Diablo: - Jaja, es imposible que pierda la marca.
Dios: - Ya sé pero la perdió. Bueno te termino de contar.
Diablo: - Dale.
Dios: - Como te decía, dispuse que lo marcaran.
Diablo: - Un momento ¿A quién le encargaste la marca?
Dios: - A Miguel.
Diablo: - ¿Tan importante es este humano?
Dios: - Si me dejás terminar vas a saber.
Diablo: - Bueno, perdón. Seguí.
Dios: - Gracias. Se lo encargue como primera prioridad a Miguel. Y se lo encargue a él porque era el único en el que podía confiar en ese momento. Durante el primer año que estuvo marcado pude notar que no hubo una noche que no haya venido a este bar. Igual eso no era prueba suficiente. Entonces tuve que elevar la marca hasta lo más alto que podía en ese momento. No me interrumpas, sé que no podía pero lo hice. Una vez que elevé la marca pude obtener sus pensamientos. Decidí no verlos hasta que tuviera suficientes pero antes que pase eso, se perdió la marca. Eso fue hace cuatro años. Entre que había marcado a alguien solo una vez y no había sido hasta ese nivel y que gracias a vos mis facultades no eran las mismas que antes, me tomó esos cuatro años ordenar y ver sus pensamientos.
Diablo: - Por eso es que bajaste a la tierra durante esos cuatro años.
Dios: - Si. De esa manera era más difícil para vos saber qué estaba haciendo.
Diablo: - Muy inteligente, yo pensé que habías bajado por lo que pasó con…
Dios: - No lo nombres. También bajé por eso. Bueno, sigo. Una vez que terminé de ordenar sus pensamientos corroboré que ciertamente nos pudo ver y oír esa noche. Era algo completamente imposible. Nunca jamás había pasado. Lamentablemente no tenía los poderes suficientes como para poder ver toda su vida y tratar de entender porque. Pero lo que si entendí es que esa persona tiene algo especial.
Diablo: - ¿Y vos pensas que porque este individuo nos pudo ver y oír va a “salvar al mundo”? Jajaja, mirá querida me reuní con vos solo porque necesitaba un descanso pero si me hiciste venir a esta pocilga para esto…
Dios: - Ya vas a ver a lo que me refiero.

La vista se me aclaró y pude moverme. Me levanté muy despacio y vi que los dos me estaban mirando. Dios estaba lejos de ser la hermosa figura que había visto por primera vez aquella noche, ahora era mucho más parecida a la que salió del bar. El Diablo, por el contrario, estaba en mucha mejor forma. Parecía un chico de veinte años con un cuerpo muy trabajado.

Dios: - Hola ¿Me podes ver?

No se dirigió a mi con ese extraño idioma, si no que me hablo en castellano. No dije nada, la miré y asentí con la cabeza.

Dios: - ¿Escuchaste todo lo de recién?

Otra vez, asentí.

Dios: - Trae la silla y sentante en nuestra mesa, podes traer tus cigarros y el vino si queres.

Hice lo que me dijo, me temblaban las manos. Me senté y me puse un cigarro en la boca. Antes que pudiera agarrar el encendedor el Diablo tronó los dedos y me encendió el cigarro.

Dios: - ¡No lo fumes!

Dios me lo saco de la boca y desapareció en sus manos.

Dios: - Prendete otro con tu encendedor por favor.
Diablo: - Jajaja.
Dios: - Sos increíble.
Diablo: - No tenes sentido del humor querida.
Dios: (Hacia mi, mientras me prendía otro cigarro pero esta vez con mi encendedor) – Si fumabas ese cigarro… Mejor no te digo, ya bastante cosas debes tener en tu cabeza.
Yo: - Si bastantes.
Diablo: - ¡Habla!
Dios: (Hacia el Diablo) – ¿¡Te podes callar!?
Diablo: (Como ofendido) – Perdón.
Dios: (Hacia mi) - ¿Sabés quienes somos?
Yo: - Si
Dios: - Bien ¿Por donde empiezo?
Diablo: - Dale que esto me esta empezando a molestar.
Yo: - ¿Cómo es que puedo verlos?
Dios: - Emm.
Diablo: - No sabe, yo creo saber pero no te lo voy a decir. Jajaja.
Dios: - ¿Cómo que crees saber?
Diablo: - Tengo una idea.
Dios: - ¿Podes decírmela?
Diablo: - No.
Dios: - No importa.
Yo: (Hacia Dios) - ¿Qué fue lo que pasó esa noche hace seis años? ¿Me podes decir?
Dios: - Yo me equivoque.
Yo: - Creo que ya me di cuenta de eso.
Diablo: - Parece que acá hay otro más que perdió la fe en vos. Cada vez te quedan menos.
Yo: - No perdí la fe. Si la hubiera perdido no hubiera estado viniendo a este bar todas las noches durante seis años.
Dios: - ¿Qué pensás que fue lo que pasó?
Yo: - No se. Supongo que la raza humana perdió todo tipo de sentimiento o algo así. Es muy raro. Encima soy el único que se da cuenta.
Dios: - Más precisamente lo que pasó fue…
Diablo: - No le podes decir lo que pasó y lo sabes, no me hagas usarlo.
Dios: (Mirando al Diablo y luego hacia mi) - Esta bien. Solo te voy a decir que la raza humana no perdió todo tipo de sentimientos, solo perdió uno, el más importante, el que esta unido a todos de alguna manera. Por eso parece que se perdieron todos. (Ahora mirando al Diablo) ¿Eso sí puedo decir no?
Diablo: - Así parece.
Yo: - Entonces lo que se perdió fue…
Dios: - ¡No lo digas!
Diablo: - Jaja, si lo decís tu Dios va estar en problemas.
Yo: - ¿Cómo? ¿Por Qué?
Diablo: - Tampoco te lo puede decir.
Yo: - A ver ¿Qué me podes decir entonces?
Dios: - No mucho en realidad. El problema es que por culpa de ese error que tuve hace seis años, hoy en día, salvo por una o dos cosas que todavía puedo lograr, soy solo Dios en nombre. Nada más.
Yo: - Pero ¿Por qué? No entiendo nada.
Dios: - Lamentablemente no te lo puedo decir.
Yo: - Bueno pero según lo que escuche cuando estaba en el suelo, hoy viniste hasta acá con él para hablar conmigo porque te diste cuenta que los puedo ver y oír. Entonces ¿Qué es lo que tenes que decirme?
Dios: - No tengo que decirte nada.

En ese momento Dios me agarró la cara con sus manos y me besó. No se bien que sentí pero el beso fue hermoso. Después de unos diez segundos lo cortó.

Diablo: - ¿Y eso? Tus besos ya no hacen lo que hacían antes.
Dios: (Hacia el Diablo, haciendo caso omiso de su acotación) – ¿Le podes prender un cigarro como hiciste antes?
Diablo: - ¿Cómo?
Dios: - Encedele un cigarro.
Diablo: - Si insistís.

Me puse un cigarro en la boca y tal cual habia pasado antes el Diablo tronó sus dedos y se prendió. Mire a Dios para saber si lo podía fumar.

Dios: - Fumalo.

Eso hice.

Diablo: - ¿A qué viene todo esto? Sabes lo que va a pasar cuando se termine ese cigarro y no te conviene que pase.
Dios: - Esta vez no va a pasar. Esperá unos minutos y vas a ver.

Pasaron diez minutos sin que nadie emita una sola palabra y mi cigarro ya no daba para más. De repente algo le empezó a suceder al Diablo. La cara se le envejeció y lo mismo pasó con el cuerpo. Ahora estaba igual a como estaba esa noche hace seis años. Dios no sufrió cambio alguno.

Diablo: - ¡¿Qué pasó?!
Dios: - Lo perdiste, ahora es de él. (Dijo mientras me señalaba).
Diablo: - No entiendo.
Dios: - No se bien porque él nos puede ver y oír pero no es un humano común eso esta claro. Entonces probé dándole el regalo más preciado que Dios puede darle a un humano, un beso. Después la tortura más horrenda del Diablo, fumar un cigarro encendido por el mismo. Al ser completamente incompatibles, depende del corazón del humano “elegir” cuál es el que debe “triunfar” por decirlo de alguna manera. En el caso de él no triunfó ninguno. Tenía el corazón tan roto, tan vacío de sentimientos que mi beso no lo pudo arreglar y tu cigarro no lo pudo destrozar más. Pero algo tenía que suceder, dos fuerzas tan poderosas no podían quedar en la nada. Entonces ¿Qué ocurre cuando juntas el dolor más profundo y la felicidad más hermosa? Amor. Ahora si lo puedo pronunciar.
Diablo: - Pero con los poderes que tenes ahora tu beso no significa nada, el poder de mi cigarro lo debería haber sobrepasado por mucho.
Dios: - Si hubiera sido un humano común sí.
Diablo: - Bueno igual no hiciste nada. Yo no lo tengo pero vos tampoco. ¿Qué te hace pensar que este chico lo vaya usar a tu favor?
Dios: - No lo va a usar a mi favor, lo va a usar a favor de sus seres queridos y de esta raza que tanto desprecias.
Diablo: - Muy bien, que quede así. Pero ten en cuenta que por más que ya no lo tenga, todavía soy mucho más que vos. Ten cuidado. Me voy.
Dios: - Adiós. (Hacia mi). Bueno yo también me voy. Si entendiste todo lo que escuchaste, vas a saber que hacer en poco tiempo. Nos estamos viendo. Adiós.

Y como el Diablo, Dios se fue por la puerta del bar nuevamente.

03/07/2008
 
Creative Commons License
This obra by Federico Graziano is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 Argentina License.